El viento de poniente es puñetero. Aparece de repente y enloquece. Sopla y sopla cada vez más fuerte, levantando polvaredas que atestan el aire. Los que somos de este rincón de terregales, de esta esquina árida y desértica propiedad de lagartos y chumberas, donde el viento de poniente se lleva nuestra propia sombra, sabemos lo que es esto; hasta las olas del mar se lleva, dejando la playa rasa como una balsa de aceite. Algunos días , porque sí, levanta olas enormes, pero en el mar de plástico. Esos días, no es que sean unos días excepcionales, porque los temporales de poniente son frecuentes y muy conocidos por la zona, es que esos días el grado de furia es superlativo, y si no da tiempo a cerrar bandas en los laterales de los invernaderos, se crean corrientes de aire brutales en los interiores que revientan las cubiertas de plástico, haciéndolas primero ondear, dando fuertes sacudidas, y elevando después jirones de varios metros por encima de l...