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EL INOLVIDABLE, EL IRREPETIBLE, EL ÚNICO

       Cuando llegó el orador no serían más de las doce del mediodía de un sábado cualquiera del mes de julio. Se subió a la tarima que había preparada para las fiestas, con su traje de lino blanco y su panamá y tocó insistente un silbato hasta que logró llamar la atención de todos los vecinos, que una vez congregados, cuchicheaban curiosos sin saber a qué venía aquello, y entre ellos, mis amigos y yo, que no éramos más que unos jovenzuelos dispuestos a abuchear al sujeto o a lanzarle algún tomatazo en caso de no resultar convincente en su discurso. Y cuando menos nos lo esperábamos, soltó a voz en grito como un preludio, con mucha solemnidad, elevando la cabeza y un brazo como si clamara al cielo: “¡El veraaano!.. es aquello que se espera durante todo el laaargo y frío invierno… ¡Es la caricia del soool a orillas del mar!.. y no la chicharrera que cae a plomo en mitad de los secarrales… Es la arena de la playa donde las muchachas y los muchachos comparten ester...

Café

Kenne Gregoire Quedaron para un café que no tomarán nunca porque son el sueño de cada uno derramándose sobre una mesa de un lugar que no existe más allá de un deseo pertinaz que viaja en el tiempo y se teje como una telaraña en los rincones más escondidos de la memoria. Ana Tomás García @anniebuonasera  

Conquistadores, pimientos y la pérdida de capacidad

 Mi propuesta para el tema La sorpresa y El asombro, de Esta Noche Te Cuento:  Conquistadores, pimientos y la pérdida de capacidad      Éstas siempre fueron buenas tierras para los conquistadores, que vendíamos al peso por aquella época, cuanto más si brotaban vestidos con armaduras metálicas, así que, cómo no nos íbamos a sorprender los labriegos el día que brotó el primer pimiento, que ni hablaba ni nada y hasta que supimos que se podía cocinar un buen pisto con ellos pasaron muchos años; pero más sorpresa todavía cuando descubrimos que eran pimientos de Padrón, que unos pican y otros no, madre mía, las primeras veces... Luego ya todo volvió a la normalidad, porque a fuerza de repetirse una cosa deja de sorprender, y sacamos provecho de aquellas matas tan hermosas cargadas de frutos. Lo raro sería que volvieran a brotar conquistadores ahora que no está bien visto eso de conquistar y la fábrica de conservas funciona a todo trapo. Y no sé si eso provocaría algun...

Dulce y pasajera

Otto Umbehr (Umbo) Viola Morris cuando duerme es una mujer en éxtasis, una mujer abandonada a ese particular placer suyo de desdoblamiento y se convierte en decenas, si no cientos, en un enjambre, de mujeres que la adoran y la aman a ella sola como a una diosa, como a una abeja reina por la que se subyugan y mueren solo por darle gusto, sin infligir ningun mínimo tormento. Por eso al despertar no queda rastro de ellas, ni siquiera un vago recuerdo, acaso una sutil arritmia y la sensación extraña de haber vivido una experiencia dulce y pasajera. Ana Tomás García @anniebuonasera  

ONLINE

       Mi propuesta para el tema La confusión y La vergüenza, de Esta Noche Te Cuento.  ONLINE      Hacer la compra, en principio, no debería ser nada de lo que avergonzarse, pero claro, eso vayan ustedes a decírselo a Pepita Chirivía, que siendo la timidez en persona, y estando locamente enamorada del tendero más apuesto y más fornido del mercado, le preguntó muy resuelta e inocente al no ver la mercancía a la vista, que si tenía huevos: “Ramiro, ¿tienes huevos?” con cara de verdadero interés porque quería hacer una tortilla, a lo que Ramiro contestó con una gran sonrisa: “Claro, tengo huevos morenos, bien gordos… —ahí, la clientela, con los ojos como platos, estalló en risas— ¿cuántos te pongo?” y Pepita, colorada que daba envidia a los tomates, deseando con todas sus fuerzas que se abriera una grieta en el suelo que se la tragara a ella, a Ramiro, a los huevos, a la clientela y a todo el mercado entero si fuera menester, pidió, con todo el calo...

Cauce

  Nell Dorr            No había nada como el enérgico discurrir de la cascada, por eso Analía amoldó su cuerpo al escalonado perfil de las rocas, para formar parte de su cauce, y así evitar idas y venidas innecesarias que solo servían para malgastar el tiempo. Ana Tomás García @anniebuonasera

Ella

  Masaaki Sasamoto      Los demonios siempre flotaron etéreos, por eso nadie en la aldea se extrañó al verla entre las mariposas. Eso sí, la dejaron tranquila y le mostraron sus respetos ofreciéndole flores de loto y sake de arroz, con la esperanza de ablandarle el corazón y evitar en lo posible el horror de un desastre. Ana Tomás García @anniebuonasera