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SIENTE A UN POBRE A SU MESA

     Veo el telediario por el puro placer masoquista que me producen sus noticias, sobre todo por estas fechas ¿cómo vivir sin los latigazos navideños? Esas composturas para las mesas, imprescindibles, que denotan clase y sofisticación, esos percebes, bueyes de mar, langostinos, corderos lechales, pavos, capones y faisanes restregados en las narices de quienes no lo podrán disfrutar, me producen arcadas y me parecen una falta de respeto total. Que cada uno celebre la puñetera Navidad como quiera o como pueda, pero que un noticiero dedique su espacio a enmascarar la realidad es repugnante. ¡Y el veintidós se acaban las penas! A unos cuantos les tocará la lotería y los demás seremos felices viéndolos en el telediario brindar... Todavía no ha pasado la Nochebuena, después vendrá Navidad, la Nochevieja, en enero los Reyes Magos, las rebajas, la cuesta y vuelta a empezar, seguiremos de fiestas con los Carnavales, las Fallas, Semana Santa, Feria de abril... ¿Se puede pedir...

COMO CARACOLAS QUE ARRASTRA EL OLEAJE...

     Sirvan mis humildes palabras para homenajear a aquellas personas que son capaces de subirse a un barquito de papel  en busca de una vida mejor, pagando con su vida, en la mayoría de los casos, esa utópica travesía hacia la esperanza. Y sirvan también para condenar a esos demonios ¿quiénes son esos demonios? Buena pregunta... Pieles de ébano cubren el mar esta tarde, brazadas de angustia, la orilla es inalcanzable. Los demonios existen y se conjuran en aquelarre, danzando malditos no dejarán que la playa alcancen. Hundidas las fuerzas oran a los dioses de sus padres, y perdida la lucha abandonaran su alma, mezclándose con la espuma, como caracolas que arrastra el oleaje.              Ana Tomás García

YA SE OYEN SUS PASOS...

     Un sol que apenas se eleva luce en un cielo raso; no logran sus rayos derretir la escarcha de los tejados.       Un cuervo se posa silencioso sobre la rama desnuda de un árbol, me observa curioso desde lo alto el negro pájaro.       Cruje lastimera la hierba bajo las botas implacables, el invierno está a la vuelta de la esquina, ya se oyen sus pasos...                                                                               Ana Tomás García

ESCLAVOS DE WHATSAPP

Andamos faltos, faltos de amor, faltos de pasión, faltos de cordura, vagando en un estado de sinrazón. Han saltado las alarmas Whatsapp anuncia nueva aplicación, un jodido chivato dice que has leído un mensaje quieras tú o no. Y el revuelo ha sido mayúsculo la mejor excusa, en un instante, voló "¿y ahora qué voy a hacer yo..." Se pregunta el usuario compungido "...si decir no lo he visto era lo mejor?". ¿Habrá en el mundo mayor preocupación? ¿Alguien se ha preguntado: por qué soy reo de la tecnología de la comunicación? ¿Podrá algún día el ser humano liberarse de la estupidez, esa vocacional y enfermiza esclavitud? Yo siempre lo he tenido claro: Apaga y vámonos.                                                                         Ana Tomás García

NICOLÁS

Ay Nicolás, Nicolás la medalla al mérito al final te van a dar por entretener a la muchedumbre haciendo burros volar. No temas, pequeño, toda esa conspiración no es más que un bulo, nada más, pura parafernalia, divertimento para el pueblo para que no vea la basura sin reciclar (ya sabes, miles de millones volando, listillos más viejos que tú cuyas hazañas con tu cara de pánfilo van a tapar). Mañana nadie hablará de ti, ya sabes como son las noticias en el mundo digital, mañana palmadita en el hombro, que no será el tuyo, no te vayas a pensar, y un meritorio: Qué bien nos ha venido este chaval.                                           Ana Tomás García

IMPOSIBLE ESCAPAR

     Recuerdo que en el silencio de la noche, a través de los susurros helados del viento, oí como pequeños repiqueteos de uñas golpeando el cristal de la ventana de mi cuarto. No presté mucha atención pues la fiebre me llevaba a un estado de delirio tal que no era dueño de mis fantasías ni de mis tormentos.      Aquel sonido constante martilleaba mi cabeza de manera insistente como si un alma desesperada se aferrara a la esperanza de llamar mi atención para acudir en su auxilio, pero la hora de mi marcha había llegado y con el último estertor se apagó mi vida sobre el mullido lecho, alumbrado por débiles pavesas que llenaban la estancia de sombras temblorosas y macabras.      Escuché los llantos y los sollozos de las personas que me asistían y al ver cómo mi rostro se relajaba dejando colgar mi mandíbula, desistí de repiquetear con mis uñas en el cristal de la ventana en un intento vano de recuperar mi cuerpo, pues ya era tarde y ...

¿QUÉ ESTÁ SUCEDIENDO?

¿Qué está sucediendo? ¿Qué está sucediendo? ¿Qué está sucediendo? ... Tengo miedo... No puedo contestar esa pregunta... Surgen una y otra vez esas palabras en mi cabeza zarandeándome en mitad de una oscuridad tremenda y no hallo luz, soy insignificante, soy tan pequeña. ¿Te has hecho tú esa pregunta? ¿Se hace alguien esa pregunta? ¿Hay alguien como yo que quiera ver más allá de lo que los espejos reflejan? Tengo miedo... Nadie contesta.                                                                           Ana Tomás García