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Nº XLIII

           La señora Durrell es una vieja loca que habla sola, irreverente, impredecible y deslenguada; se levanta muy temprano todas las mañanas; exprime tres naranjas, se sirve una taza de té y unta una tostada con mantequilla y mermelada; descorre las cortinas y empieza a abrir ventanas. Entonces se pone a elucubrar y a ver las cosas claras.      "El mundo es una casa oscura llena de trampas, que se haga la luz para que nadie caiga..."                                                                                    Casimira Durrell XLIII Se hizo de repente la noche en medio de una clara y luminosa mañana perdimos inocentes la brújula el Norte ahora quién nos lo señala dijeron llamarla Democ...

CUANTA MENOS LUZ...

     Hace mucho tiempo nos apagaron la luz. No así como estáis pensando, de un golpe, no. Poco a poco, para ir acostumbrándonos a una oscuridad troglodita en la que una simple llama es suficiente para llevar a cabo las tareas más elementales: Nacer, desarrollarse, producir, reproducirse, producir, sufrir, temer, producir, producir, producir, agotarse y morir. Nos han apagado la luz para olvidar, precisamente, que teníamos luces individuales que usábamos para guiarnos como colectivo poderoso y defendernos ¿Recordáis aquello de: La unión hace la fuerza?¿Qué vais a recordar si estamos sumidos en una lóbrega negrura?      A veces sueño con un montón de gente caminando hacia un faro por un camino tortuoso lleno de fango. Se lamentan de no tener luces pero en vez de seguir el sendero embarrado, se distraen con luciérnagas efímeras que los pierde por mitad de un inmenso campo.      Está claro, cuanta menos luz, más perdido estará el rebaño. ...

LA NIEVE

La nieve suspendida en el aire a merced de las ráfagas gélidas del viento, se muestra bajo la luz tenue de las farolas como vaharadas de humo anaranjado exhalado por los soplidos crudos del crudo invierno y hace remolinos de copos, como vorágines de gotas de hielo, rellenando de los rincones los huecos, poniendo perdido de blanco el suelo.                                                                   Ana Tomás García

NAUFRAGIO

Haciendo un gran esfuerzo... Recitado con mi viva voz:  Los ojos, mis ojos, tus ojos, enfrentados  en una mirada profunda, como ciega, buscando el pozo sin fondo del amor inclemente, se cierran a la deriva bajo la tortura bendita del abandono de la carne. Y no ven nada más allá de un océano inabarcable donde la playa no es más que de nuestros cuerpos sus despojos, naufragio perfecto al que sucumben tus ojos, mis ojos, los ojos.                                                                                   Ana Tomás García                                             ...

HISTORIA CIERTA

     Llevada por una corriente surrealista, allí donde el abismo es más profundo porque no deja de ser un mal sueño, tropiezo una y otra vez con la estupidez intensa que bloquea las mentes; y sólo escucho graznidos, como de cuervos que intentan hacerse entender, cuyos ecos rebotan en mi cabeza llenándola de un horror indescriptible que asumo como un obstáculo más que habré de salvar a lo largo de mi existencia.      Es como deambular por un páramo desierto sembrado de raciocinios muertos; florecerán graznidos que sólo serán ecos que se pierden en la vorágine oscura de una necedad perpetua.      Lo malo es que una vez despierta, superado el trámite de una modorra inquieta, voy tropezando con esos cuervos infames que con ingenuo alivio creí producto de un mal sueño, pesadilla recurrente, que al final resulta historia cierta.                                 ...

EL CASCABEL AL GATO...

La bestia despierta, gruñe furiosa por los cuatro costados. Parece llevada por los diablos desde un infierno invisible hacia un aletargado remanso. Apabullar de miedo quiere a indefensos y tristes aldeanos. Empieza la función, a ver quién le pone el cascabel al gato...                                                                                                                 Ana Tomás García

POR LOS CAÍDOS EN CHARLIE HEBDO

Un lápiz ha caído en un charco, tinta roja de un océano humano, flota silencioso como resto de naufragio de una batalla oscura que se está librando. El infierno, algunos quieren desatarlo bajo mandatos divinos amparados. Mas permanecerá su poder intacto perfilando nuevos sueños en el trazo libre de otra mano. No será del miedo pasto, no será un soldado caído en vano.                     Ana Tomás García