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NOTAS DE AMOR SANO

       Mi artículo para el periódico digital Almería 360  NOTAS DE AMOR SANO      "El Departamento de Lengua organiza un concurso de notas de "amor sano" para nuestr@s alumn@s de 1º ESO."   He leído esto y me he quedado pensando: ¿Cómo se escribe una nota de "amor sano"? ¿Quién decide qué grado de "salubridad" tiene esa nota de amor? ¿Qué es el "amor sano"? ¿Te quiero mucho, como la trucha al trucho? ¿Por qué hay que escribir una nota de amor coaccionados, sin libertad para expresar, precisamente, un sentimiento tan plural que se representa en una gran variedad de adjetivos?      El amor puede ser libre, esclavo, obsesivo, doloroso, platónico, imposible, fácil, difícil, tóxico, eterno, etc. etc. Unos adjetivos son positivos y otros son negativos, por eso el amor a veces nos causa felicidad y otras veces, sufrimiento. Y todo eso hay que aprenderlo. Lo que no me parece de recibo es que en un inocente concurso de not...

EL BLUES DE LA COOPERATIVA

             Mi artículo en la revista digital Almería 360  EL BLUES DE LA COOPERATIVA         El despertador suena a las cinco y media de la mañana. Un triste desayuno para enfrentar la jornada; sobre todo café, mucho café, bien cargado, negro; negro como la noche, como el presente, como el fondo de un pozo. Trayecto somnoliento por una carretera que empieza a despertar también con otros vehículos que van y vienen. Por el camino, conversación con compañeras de trabajo: “Anoche no he pegado ojo, me duelen hasta las pestañas…” “Pues yo no sé cómo acabaré hoy, no puedo levantar más de esto (levanta el brazo hasta el tope que le permite el umbral del dolor), ya me he tomado dos pastillas…”. Se hace el silencio, la radio se encarga de distraer la atención. Música para levantar el ánimo. Lástima, ninguna ha nacido en Tennessee, pero podrían cantar blues . Cuando llegan, sus ojeras ya han llegado; son tan grandes que ...

LA RATA

La rata estaba bajo unas tablas, en el jardín. Yo no lo sabía, por eso esparcí los mendrugos para las tórtolas y los mirlos, como había hecho otras veces, sobre la hierba. La descubrí porque al echar una ojeada la mitad del pan había desaparecido, y los pájaros se toman su tiempo, no son tan rápidos. Me aposté tras la ventana para observar, y la ví, rauda y segura, grande y ágil, salir de su escondite para coger un trozo y llevárselo. Aproveché entonces su ausencia para recoger lo que quedaba aún, y volví a observar tras la ventana. La rata salió de nuevo con la misma rapidez y confianza, incluso diré que con la misma alegría, pero paró en seco al descubrir que no quedaba nada. Paró en seco y se irguió, atenta a cualquier atisbo que le pudiera dar una ligera pista de lo que había pasado. Parecía en shock, confusa e inmóvil. Entonces me vió. No se cómo, pero me vió. Y yo me sorprendí, al ver a la rata mirándome durante unos segundos eternos que me produjeron pavor. Volvió...

QUERIDO BALTASAR...

     La chica sale de la ducha y se mira en el espejo. Es bajita y ligeramente deforme; nada que le impida hacer una vida normal, pero siempre un lastre en su autoestima. Piensa en el chico que hará de Baltasar y cierra los ojos, dejándose llevar a una parcela privada con la urgencia del deseo, recordando la fuerza de su cuerpo de ébano al ayudarla a levantarse cuando tropezó con la capa del disfraz de paje que acababan de entregarle para la cabalgata, mientras todos los demás se reían sin preocuparse. Le gustó su rostro serio, de una belleza animal, y la magia de su sonrisa al despedirse con aquel hasta luego, que le ofrecía, no por remota imposible, una oportunidad. Así que escribe, quién se lo iba a decir, una carta para el rey mago: "Querido Baltasar, ¿y si después del desfile vamos a tomarnos algo?", y enfrenta la jornada, vestida de paje, con la misma ilusión tremenda que ve en la cara de la chiquillería,  esperando su respuesta. Ana Tomás García @...

ESO QUE TODOS LLAMAN FELICES FIESTAS

     El pedido lo hice unas dos semanas antes, solo porque la proximidad de las fiestas parecía empujarme a ello. A lo tonto, tonto, me vi abocado en un maremágnum de páginas de venta online de productos que me hacían salivar y verme rebozado en mantecados de Estepa y embutidos de Teruel, y por eso,  haciendo un gran sacrificio, empleé una muy considerable suma de dinero en todo aquello que creí indispensable en aquel momento de subidón. Que si jamón ibérico, que si queso manchego, que si lomo embuchado, que si torta imperial, polvorones y mazapanes; que si un Ribera del Duero, un Rioja y un Albariño... En fin, todas esas cosas que lo devuelven a uno a su tierra cuando se está por ahí, como un triste don nadie, por esos mundos; esas cosas que inflan una ilusión perversa que al final se va desvaneciendo, porque todo eso se disfruta cuando se comparte, y estando solo, me sobró todo, y lo mismo hubiera sido que comiera cualquier cosa, como cualquier otro día, p...

SESIÓN PLENARIA

     Las urracas, los cuervos y las palomas se reúnen en torno a la gran mesa camilla en sesión plenaria. Se sirven el té con mucha gracia y reparten como les parece el bizcocho de naranja.      Hacen uso del recato aparente abriendo lo justo sus picos, que tapan con finas servilletas para que no se vean los gusanos, golosinas que forman parte de la merienda, y se lanzan a saco en asuntos pendientes para hacer que los tesoros parezcan simples oropeles. Se sacan los ojos, empiezan a volar las tazas y huele a rancio que te mueres cuando aletean sus señorías en señal de amenaza.      El pleno se salda con cuatro urracas desplumadas, tres cuervos tuertos y un par de palomas patas arriba que ya no darán más la lata.      Se cierra la sesión y cada cual vuelve a su rama con su ganancia; aquella de sus señorías que no haya pillado nada, se aplicará el cuento para la próxima vez, que los bienes se los llevan siempre las más as...

SIRENA

     Sí, mi madre siempre me contó que una vez fue sirena. Que varó en la playa una madrugada de otoño, harta de cantar para marineros que no le tenían ninguna estima. Porque las leyendas son muy bonitas pero la realidad es otra cosa, y que allí estaba ella, sola, y con una criatura a su cargo. Que aquel día decidió mudar la cola de lentejuelas por un par de piernas y emplear su voz para darme otro tipo de vida, y que no era cierto eso de que las sirenas enmudecían al poner pies en la tierra, que eso sólo pasaba en las películas.            Yo, que siempre fui un crío despierto, la dejaba fabular para que se creara esa atmósfera ingenua que se presupone en un niño, y tal vez también porque quería creerla. Desde luego que podría haberlo sido, porque las melodías que salían de su boca podrían haber encantado al ser más insensible del mundo, pero el cabaret La Caracola no era el fondo del mar;  las perlas que lucía en su cuello ni si...