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MENSAJE EN UNA BANDEJA DE TOMATES

     Mónica trabaja de envasadora en un almacén hortofrutícola. Empaqueta hortalizas con movimientos mecánicos para no perder el ritmo. Sus manos acarician levemente cada fruto, sin sentimiento, pero con la justa delicadeza para que no se estropeen, es muy importante. Y a la vez que su cuerpo sigue las instrucciones, su mente está en otras cosas; en el confinamiento de sus hijos, en el de sus padres, en el de sus hermanos, algunos a varios miles de kilómetros de distancia... distancia... Ahora tiene otro sentido la palabra distancia. Trabajar con la mascarilla puesta es incómodo. Una compañera tose a su lado, no hay mamparas de separación. Trabajar bajo tales circunstancias le da miedo. La cinta transportadora no para; la vida es una cinta transportadora. Como decía Julio Iglesias: "Unos que nacen, otros moriran...". Mónica se ríe por dentro, se ha descubierto  en plan carroza cantando La vida sigue igual, siguiendo el ritmo impecable de la orquesta y todo. La ri...

LA JAURÍA

Mi artículo de opinión en el diario digital Almería 360  LA JAURÍA          Nunca he sido de hablar mucho, pero sí de escuchar y observar. Desde muy pequeña supe cuánto se podía aprender observando y escuchando, y desde esa atalaya tan particular contemplo la vida desde entonces, y analizo, y saco conclusiones que a veces me llevan a lugares feos que preferiría no descubrir. Las redes sociales me lo han puesto fácil porque son como una ventana a la realidad a la que una se asoma como una vieja del visillo, con nocturnidad y alevosía. Sin salir de casa sé cómo piensa cada hijo de vecino; oiga, qué culpa tengo yo de que usted haga comentarios públicos.      Digo esto porque cada vez me atrae más lo que comenta la gente en las publicaciones de periódicos, grupos vecinales, páginas de todos los colores y pelajes, etc. como si fuera un poderoso imán. Lo malo, es que cuanto más ahondo en la cuestión, más espeluznante me parece  ...

EL ROSARIO

      Mi relato para Esta noche te cuento:  EL ROSARIO       La culpa fue de Edgar Allan Poe, pero sobre todo, de uno de sus relatos. Yo ya había comenzado la colección (gracias a mis hermanos pequeños y aquello del ratón, ya me entienden) mucho antes de leerlo; no podía desprenderme de aquellas piececitas que tanto significaban y las fui guardando envueltas en un pañuelo, en el fondo de un cajón. Pero aquel cuento de Poe me sometió a un hechizo tal, que para ampliar mi colección y darle más valor, tuve que desprenderme personalmente de dos piezas fundamentales y tres  piezas secundarias, para añadirlas, paradójicamente, a las que ya tenía; y como mi intención era lucirlas algún día a la vista de todos, las llevé a una joyería para engarzarlas en plata y convertirlas en rosario, como cantaba Juanito Valderrama, pero la muchacha que me atendió puso muy mala cara al verlas (sobre todo por mis magníficos incisivos, que entre corona y raíz tien...

NOTAS DE AMOR SANO

       Mi artículo para el periódico digital Almería 360  NOTAS DE AMOR SANO      "El Departamento de Lengua organiza un concurso de notas de "amor sano" para nuestr@s alumn@s de 1º ESO."   He leído esto y me he quedado pensando: ¿Cómo se escribe una nota de "amor sano"? ¿Quién decide qué grado de "salubridad" tiene esa nota de amor? ¿Qué es el "amor sano"? ¿Te quiero mucho, como la trucha al trucho? ¿Por qué hay que escribir una nota de amor coaccionados, sin libertad para expresar, precisamente, un sentimiento tan plural que se representa en una gran variedad de adjetivos?      El amor puede ser libre, esclavo, obsesivo, doloroso, platónico, imposible, fácil, difícil, tóxico, eterno, etc. etc. Unos adjetivos son positivos y otros son negativos, por eso el amor a veces nos causa felicidad y otras veces, sufrimiento. Y todo eso hay que aprenderlo. Lo que no me parece de recibo es que en un inocente concurso de not...

EL BLUES DE LA COOPERATIVA

             Mi artículo en la revista digital Almería 360  EL BLUES DE LA COOPERATIVA         El despertador suena a las cinco y media de la mañana. Un triste desayuno para enfrentar la jornada; sobre todo café, mucho café, bien cargado, negro; negro como la noche, como el presente, como el fondo de un pozo. Trayecto somnoliento por una carretera que empieza a despertar también con otros vehículos que van y vienen. Por el camino, conversación con compañeras de trabajo: “Anoche no he pegado ojo, me duelen hasta las pestañas…” “Pues yo no sé cómo acabaré hoy, no puedo levantar más de esto (levanta el brazo hasta el tope que le permite el umbral del dolor), ya me he tomado dos pastillas…”. Se hace el silencio, la radio se encarga de distraer la atención. Música para levantar el ánimo. Lástima, ninguna ha nacido en Tennessee, pero podrían cantar blues . Cuando llegan, sus ojeras ya han llegado; son tan grandes que ...

LA RATA

La rata estaba bajo unas tablas, en el jardín. Yo no lo sabía, por eso esparcí los mendrugos para las tórtolas y los mirlos, como había hecho otras veces, sobre la hierba. La descubrí porque al echar una ojeada la mitad del pan había desaparecido, y los pájaros se toman su tiempo, no son tan rápidos. Me aposté tras la ventana para observar, y la ví, rauda y segura, grande y ágil, salir de su escondite para coger un trozo y llevárselo. Aproveché entonces su ausencia para recoger lo que quedaba aún, y volví a observar tras la ventana. La rata salió de nuevo con la misma rapidez y confianza, incluso diré que con la misma alegría, pero paró en seco al descubrir que no quedaba nada. Paró en seco y se irguió, atenta a cualquier atisbo que le pudiera dar una ligera pista de lo que había pasado. Parecía en shock, confusa e inmóvil. Entonces me vió. No se cómo, pero me vió. Y yo me sorprendí, al ver a la rata mirándome durante unos segundos eternos que me produjeron pavor. Volvió...

QUERIDO BALTASAR...

     La chica sale de la ducha y se mira en el espejo. Es bajita y ligeramente deforme; nada que le impida hacer una vida normal, pero siempre un lastre en su autoestima. Piensa en el chico que hará de Baltasar y cierra los ojos, dejándose llevar a una parcela privada con la urgencia del deseo, recordando la fuerza de su cuerpo de ébano al ayudarla a levantarse cuando tropezó con la capa del disfraz de paje que acababan de entregarle para la cabalgata, mientras todos los demás se reían sin preocuparse. Le gustó su rostro serio, de una belleza animal, y la magia de su sonrisa al despedirse con aquel hasta luego, que le ofrecía, no por remota imposible, una oportunidad. Así que escribe, quién se lo iba a decir, una carta para el rey mago: "Querido Baltasar, ¿y si después del desfile vamos a tomarnos algo?", y enfrenta la jornada, vestida de paje, con la misma ilusión tremenda que ve en la cara de la chiquillería,  esperando su respuesta. Ana Tomás García @...